En esta séptima entrega Maledicta da un giro que no nos esperábamos. Todo empieza a quedar claro, o por lo menos a tener cierta explicación racional. Tanta matanza, unas masacres tan rápidas y completas como las que se habÃan relatado en capÃtulos anteriores tenÃan que tener algún truco. Sepamos cuál es.
La niña miró a su alrededor. Los demonios eran legión. Un cÃrculo de serpientes que se cerraba sobre ella. Se sintió indefensa, cansada y abatida. En una mano el libro de los muertos… Lo soltó y cayó al suelo. En la otra el cuchillo maldito… Abrió los dedos y además se fue al suelo. Temblaba, sabiendo que algo habÃa ocurrido en ella.
—NIÑA… NIÑA… NIÑA… —repetÃan las voces demonÃacas.
De repente, bajo sus pies, el suelo tembló y ella se apartó. Y allà algo empezó a surgir, un bulto que parecÃa una burbuja negra. Sintió pánico entretanto aquello iba saliendo hacia la superficie, como regurgitado por las entrañas subterráneas. Sus ojos se abrieron de par en par, al contemplar aquel horror.
Y la cosa acabó de ascender de golpe con un sonoro, PLOP.
Eliana parpadeó, extrañada. Algo habÃa cambiado. Se encontraba en un campo de sombras bañado por una luz mortecina. Por el suelo habÃa desparramados multitud de cadáveres. Al establecerse, se dio cuenta de que eran los cuerpos de los demonios Yelkor. Todos yacÃan absolutamente inertes, en posiciones torcidas. Un espectáculo dantesco. Pero ella no los habÃa matado, no…
Percibió un ruido próximo. Allà delante una sombra se movió, dando varios pasos. Después escuchó una respiración ronca. Y al fin, en el momento que se acercó hasta ella, pudo ver lo que era… Era ella misma… Pero con un cuerpo enfermizo y mórbido. Era una Eliana muerta o qué era… SEGUIR LEYENDO ….



















































