
Las palabras se amontonan en su mente, se arremolinan en miles de formas y sólo su capacidad empÃrica consigue ponerlas en orden para intentar formar poesÃa…
Artemis es un robot que quiere sentir.
La voz sabÃa a hojalata, al menos eso es lo que Timiti206 pensó mientras unos segundos antes de reclamar a Artemis que acababa de comprender uno de los primeros misterios de la poesÃa.
—La voz no puede ser un sabor… —comentó en apenas un susurro, como para darle más énfasis al ver que su lÃnea de pensamiento era la correcta.
—En efecto —corroboró Artemis, su actual ingeniero—, ¿y con eso que consigue experimentar el humano?
Timiti206 notó cómo se aceleraba su microprocesador y se recalentaban sus circuitos. El pensar no era algo habitual en su sistema de actuación. Era una de las nuevas incorporaciones de las que disponÃa desde hacÃa tan sólo unos meses.
—Experimenta… ¿Confusión?
El semblante de Artemis se tensó mientras unos segundos. No cabÃa la menor duda de la capacidad que tenÃa el robot de pensar, pero lo que más le sorprendÃa era su habilidad que le aprobaba progresar a un ritmo sorprendente.
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